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La indispensabilidad en Norteamérica 2026: cómo prepararte para la nueva era del nearshoring y el T-MEC

  • Foto del escritor: Jovani  García
    Jovani García
  • 8 ene
  • 6 Min. de lectura

Reglas T-mec

Hay momentos en los que el mundo empresarial se siente como un tablero que se vuelve a armar frente a nosotros. Las piezas cambian de lugar, las reglas se ajustan y, de pronto, lo que antes parecía seguro deja de serlo. Hoy, ese es el escenario que viven las empresas que forman parte del comercio exterior en Norteamérica.


La revisión del T-MEC en 2026 se acerca como una fecha clave que no solo pondrá a prueba el cumplimiento de las reglas, sino la capacidad de las empresas para ser indispensables en una cadena de valor regional que ya no se mueve solo por costos, sino por confianza, valor agregado y resiliencia.

En Ravisa creemos que este no es un momento para el miedo, sino para la preparación. Porque la incertidumbre se vuelve oportunidad cuando uno entiende el mapa y se alinea con su ritmo.


Un nuevo ciclo: de la globalización a la integración regional


Durante décadas, el mundo se movió bajo la lógica de la globalización. Las fábricas se instalaban donde la mano de obra era más barata y los productos cruzaban océanos enteros para llegar a su destino. Pero esa fórmula se ha ido desgastando.


El contexto actual, marcado por conflictos geopolíticos, disrupciones logísticas y nuevas regulaciones, ha impulsado una transformación profunda: el paso de la globalización a la regionalización.

Y en ese cambio, el nearshoring —la relocalización de procesos productivos a países cercanos al mercado objetivo— se ha convertido en el corazón de la estrategia económica de América del Norte.

México está en una posición privilegiada. Su proximidad geográfica, mano de obra calificada y estabilidad industrial lo han convertido en uno de los principales destinos de inversión extranjera directa. Pero no se trata solo de estar cerca; se trata de integrarse profundamente.


Aquí entra en juego un concepto que a veces pasa desapercibido: el ally-shoring. Más que una cuestión de cercanía física, es una relación de confianza y cooperación con Estados Unidos y Canadá. Un trabajo conjunto donde todos los países ganan y donde el éxito de uno impulsa a los demás.


De hecho, cerca del 40 % del contenido de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos ya es de origen estadounidense. Es decir, las cadenas productivas están tan entrelazadas que separarlas sería casi imposible.


Esta integración profunda no solo impulsa la competitividad, sino que también fortalece el respaldo político y comercial del T-MEC. Ser parte activa y confiable de esa red es, en sí mismo, una estrategia de permanencia.


2026: un punto de inflexión


La primera revisión quinquenal del T-MEC llegará en 2026. Aunque parece una fecha lejana, en realidad está a la vuelta de la esquina para los tiempos que requieren las empresas para adaptarse.

Estados Unidos ha mostrado señales de querer revisar los beneficios y endurecer algunos mecanismos de cumplimiento, especialmente en materia de reglas de origen y protección a la inversión.

Lejos de verlo como una amenaza, en Ravisa creemos que este momento debe entenderse como una oportunidad de consolidación. Las empresas que se preparen desde ahora tendrán ventaja: serán vistas como socios confiables, listos para afrontar los estándares más exigentes.

Y la clave está en eso: en ser indispensables. En no depender solo de los costos o la ubicación, sino del valor que se aporta a toda la cadena.


Más allá del ensamblaje: subir en la curva de valor


Durante mucho tiempo, muchas empresas mexicanas basaron su éxito en el modelo de maquila: ensamblar, empacar y enviar. Pero en la economía del nearshoring, eso ya no basta.


El valor se ha desplazado hacia los extremos de lo que los economistas llaman la Curva de la Sonrisa:

· En un extremo están las actividades de I+D, diseño e innovación.

· En el otro, los servicios postventa, ingeniería avanzada y consultoría técnica.

En el centro, el ensamblaje simple, tiene los márgenes más bajos.


Por eso, la transición hacia la manufactura avanzada y la integración de valor no es solo una recomendación, es una necesidad. México ya está dando pasos firmes: sectores como el automotriz, electrónico y aeroespacial han comenzado a integrar ingeniería, diseño y desarrollo de producto.

Ejemplos como el Centro de Innovación de Schaeffler en Puebla o la llegada de Tesla a Nuevo León demuestran que el país puede escalar hacia actividades de alto valor, si se impulsa la formación técnica y la inversión en tecnología.


Cumplir es proteger: el poder del origen


Una parte fundamental de este nuevo entorno es el cumplimiento de las Reglas de Origen (ROO) y el Valor de Contenido Regional (VCR) establecidos por el T-MEC.

No se trata solo de cumplir por cumplir. Se trata de proteger la operación, evitar riesgos y asegurar los beneficios arancelarios.


El T-MEC exige que una proporción significativa del valor de los productos —en algunos casos hasta el 75 %— provenga de la región de América del Norte. Además, introduce el Contenido de Valor Laboral (CVL), que vincula directamente la competitividad con el bienestar de los trabajadores.

Esto significa que una parte del valor del producto debe generarse por personas que ganen salarios competitivos (más de 16 dólares por hora). Una medida que, más allá de lo económico, apunta hacia una mayor equidad y sostenibilidad social.


Cumplir con estas reglas requiere trazabilidad, documentación sólida y, sobre todo, estrategia. No basta con reaccionar ante las auditorías: hay que anticiparlas.


Tecnología y trazabilidad: el nuevo lenguaje del comercio exterior


En Ravisa, solemos decir que la tecnología es el nuevo idioma del cumplimiento.

El futuro de las aduanas está en la digitalización. Las Aduanas 4.0 se basan en la trazabilidad total, la automatización de procesos y el uso de inteligencia artificial para auditar, predecir y prevenir errores.

Hoy, herramientas como blockchain y machine learning permiten verificar el origen de los insumos, registrar cada paso de la cadena y responder en tiempo real a cualquier revisión.

Esto no solo evita sanciones, sino que genera confianza operativa, tanto con clientes como con autoridades.

El comercio exterior ya no se mide solo por la capacidad de mover mercancías, sino por la capacidad de demostrar, con evidencia digital, que todo cumple.


El talento: el corazón de la transformación


La tecnología y las reglas pueden cambiar, pero al final, son las personas quienes hacen posible que una empresa sea indispensable.

México enfrenta un reto importante: el déficit de mano de obra calificada. Pero también tiene una gran oportunidad.

Invertir en capacitación, certificación y retención de talento especializado no solo eleva la productividad, sino que fortalece el cumplimiento del CVL y aumenta el valor agregado de cada proceso.

No se trata de pagar más, sino de valorar más: reconocer que el conocimiento técnico, la experiencia y la mejora continua son lo que realmente sostienen una cadena de valor sólida.


Sostenibilidad: el nuevo requisito invisible


Hasta hace poco, hablar de sostenibilidad sonaba a buena voluntad. Hoy es una exigencia.

El Capítulo 24 del T-MEC integra la sostenibilidad ambiental directamente en la agenda comercial. Eso significa que una empresa que no gestione adecuadamente sus impactos ambientales puede quedar fuera de las cadenas de suministro más avanzadas.

La sostenibilidad ya no es solo una cuestión de imagen, sino de permanencia. Energías limpias, eficiencia logística y descarbonización son factores que fortalecen la resiliencia del negocio y la confianza internacional.


Hacia la indispensabilidad: una hoja de ruta sencilla


Si tu empresa busca mantenerse vigente más allá de 2026, aquí te compartimos lo esencial para comenzar hoy:


1. Audita tu cumplimiento T-MEC. Evalúa el origen de tus insumos, tus procesos y tu documentación. Detectar brechas a tiempo evita sanciones y pérdidas.

2. Digitaliza tus operaciones. Implementa sistemas de trazabilidad, IA o ERP que automaticen la gestión documental y garanticen transparencia.

3. Invierte en tu gente. Capacita, certifica y retén talento técnico. Cumplir con el CVL no solo es una obligación, es una ventaja.

4. Súbete a la curva de valor. Integra diseño, ingeniería, innovación o servicios especializados en tu modelo operativo.

5. Elige bien a tus aliados. Un consultor aduanal con enfoque estratégico puede marcar la diferencia entre cumplir y destacar.


En Ravisa entendemos que el cumplimiento no se trata solo de leyes, sino de proteger lo que construyes.


Sabemos que detrás de cada empresa hay personas, familias y sueños que dependen de que cada embarque cruce la frontera sin contratiempos.

Por eso acompañamos a nuestros clientes con conocimiento, tecnología y empatía. No solo resolvemos procesos, ayudamos a crear estrategias que den tranquilidad y permanencia.

El futuro de Norteamérica será de quienes aprendan a integrarse con inteligencia y valor. Y la preparación comienza hoy.


 
 
 

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